Todas las noches, Angelica lleva a cabo su ritual para dormir, - piensa- hoy me pondré el pijama azul para soñar con la Luna, las estrellas y el firmamento donde vivo los mejores momentos de mi vida, o, el rosa que me llena de sueños placenteros, ¿quien no ha tenido sueños rosas?, -la otra noche soñé, que mi cama era una nube rosa, los niños eran color rosa y todos los objetos y las plazas, las escuelas y hospitales, todo, todo era color rosa, no piensen, ¡que aburrido!, no, los tonos y matices de rosa, son verdaderamente fascinantes. Pero no quiero aburrirlos con esta policromía, así que esta noche, para variar, dormiré con pijama negro, mmmm, van a decir ¡que trágico!, -pero no-, ¿alguna ves han cerrado los ojos hasta quedar en total obscuridad y luego comenzar a imaginar todo lo que uno quiera?, ¡no saben la de colores y formas que la mente es capaz de mostrarnos cuando estamos dispuestos a ver!, hay quienes se quedan solamente a obscuras, pero si hacemos la prueba, veremos las mil y una formas y colores que existen en nuestra mente.
Ahora les contare mi sueño después de haber dormido vestida con el pijama negro: resulta que fui quedando dormida poco a poco y como les dije antes, todo comienza con el color del pijama que me haya puesto, pues si, todo comenzó en negro, para después convertirse en caminos bordeados de flores, en bosques cubiertos de nieve, cascadas de aromas frutales y aguas cristalinas, manantiales donde el agua invita a nadar mas profundo; y nade y nade hasta quedar extasiada con el azul del cielo, libre de nubes y de ventiscas.
Después desperté con la sensación de haber estado en el paraíso o en el limbo, como ustedes deseen llamarlo, así que, al amanecer, mis ojos, mis sentidos, parecían percibir hasta el mas leve sonido y el mas tenue color que hubiese en mi entorno; pensé que si la vida es sueño, habremos de tornar nuestra atención a ellos para asociar solo aquello que nos lleve a un crecimiento sano y enriquecedor para el alma. Fue entonces que recibí una señal reveladora, ya no tenía que temer, tuve la certeza de que ha valido la pena soñar.
Fin
Virginia Marín

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