En la "casa grande" de la finca "Pueblo viejo" de un ganadero pudiente, como era lógico, había mozos que ayudaban en las labores propias del campo. Uno de ellos, de singular forma de ser, siempre buscaba la manera de trabajar lo menos posible. Cuando el patrón le ordenaba que hiciera alguna cosa, éste contestaba de manera desganada:
- ¡Ay patrón!, costal vacío no se puede pará.
El patrón conociéndolo, sabía que se refería a que no había tomado alimento y a regañadientes le ordenaba a la cocinera le diera algo de comer.
La cocinera presta y molesta a la vez con el mozo, le daba un plato de frijoles y una ración de tortillas hechas a mano, éste comía lentamente y con la boca llena le decía a la cocinera:
-Chulita, no "tenés" más tortillita porque me sobró frijol.
La cocinera no tenía más remedio que darle más tortilla. Al ratito el mozo volvía a decir:
-Chula, chula no "tenés" más frijol porque me sobró tortilla.
Era el cuento de no acabar. Así pasaba un buen rato hasta que terminaba parejito, dejando el plato brillando de limpio y el patrón volvía a darle la orden de que se fuera a trabajar a lo que el mozo con toda defachatez contestaba:
-¡Ay patroncito!, si costal lleno no se puede "doblá".
El patrón, harto de la situación lo mandó patitas a la calle.
Fin
Nely Gallardo.

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